No cuento algunas cosas porque pienso que a veces el otro, el que te escucha, puede confundir la lástima , la consideración, la demanda o el ponerse en mi lugar con sólo te escucho y siento lo que te pasa.
Hoy tengo que contar una serie de peripecias que atravesé ayer en una sesión de quimioterapia, en mi Obra Social.
Fui bastante temprano (siempre me retan por llegar tarde), debo estar a las 8, en punto, dicen. Llegué 8.10. Me desperté a las 6, di vueltas, me bañé, desayuné, salí de casa, tomé taxi y llegué. Había gente esperando en la sala y algunos ya estaban conectados adentro. Salió una enferemera que no conocía , a pedir resultados de laboratorio de los que esperábamos afuera. Le dije que los míos habían llegado por fax el día anterior , y le dije mi apellido, en el aire, mientras se iba diciendo "aguarde acá, ya le digo".
Pasaron los minutos y le pregunté a otro señor, me contestó lo mismo.
Pasada media hora volvió a pasar el señor y le pregunté si mientras esperaba podía ir a sacarme una radiografía , para aprovechar ese tiempo de espera, me dijo "sí, claro".
Me saqué la placa, hice un trámite, volví a subir y ya quedábamos sólo dos en la sala, Tomás, un chico muy joven acompañado por sus dos papás y yo, que llegaba, cerca de las 9.15. Adentro todos los sillones estaban ocupados, los 6 cómodos y los dos que nunca usaron por incómodos o rotos, había 8 personas recibiendo su tratamiento. Entré y estaba Stella, la enfermera que ya conozco, seria pero buena gente, correcta, puede parecer antipática si una la comparara con esas enfermeras, que te tratan con exceso de alegría y naturalidad llamándote "mi amor" o "mamita", así como así. Le pregunté a Stella si prefería que me fuera a tomar un café y volviera más tarde, me dijo "No, no" y realmente creo que me lo dijo para colaborar, agregó "Aunque sea en una silla, te la voy a hacer". Sonreí, y le pregunté por mis resultados de laboratorio, buscó y buscó dijo que no habían mandado nada, lo mismo que unas semanas atrás. No puede ser pensé y le dije, ayer los mandaron. Esta semana me había ocupado de todo, de asegurame con el auditor que estuviera la medicación, de llamar luego a Stella para confirmar el turno y la autorización del auditor, de llamar a la farmacia (como ella misma dijo) para confirmar que estuviera la medicación y de llamar al laboratorio para que envíen el fax ( todos saben lo que cuesta hacer estas cosas por teléfono, verdad?). Todo estaba OK pero los resultados de laboratorio no estaban, eran más de las 9, yo ya había preguntado tres veces desde las 8.10, podría haber llamado al laboratorio para reclamarlos mucho antes, cuando llegué. Así lo hice, volví a la sala, no tenía señal para el celular (sí sí, ellos no se ocuparon de llamar) Entré y pedí un teléfono, allí me anotaron un teléfono en un papel, jajjajaja, fue gracioso. Pero no, era real, lo que me daban era un teléfono para que el laboratorio mande el fax a ese número porque allí no tenían papel. No lo podía creer, desde las 8.10 de la mañana reclamando un fax que todos sabían que nunca podría haber llegado, como algunas semanas atrás, o sea, concluyamos, hacía mucho que estaban sin papel en el fax, y los pacientes, pacientes. Fui a la oficina del teléfono en cuestión, debo decir que Stella , muy amablemnte , me acompañó, tal vez notó que me estaba alterando un poco, pensaba en el taxi que había tomado, en el frío que tomé al salir del baño a las 6 de la mañana, etc , etc. La gente del laboratorio no podía creer que no tuvieran papel en la sede central de mi Obra Social , y yo tampoco. Hace algún tiempo que lidio con esto así que en el labotratorio, por el que paso una vez por semana, me conocen mucho y son muy gentiles.
Llegó el fax!!!! Genial, lo llevé a la sala de quimio, lo entregué, lo vio el médico, dijo que estaba todo bien y enseguida me llamaron.
Segunda parte que será breve, lo juro, aunque omita detalles increíbles para abreviarla.
Sí, me tocó la silla nomás. Y Tomás no estaba, lo habían mandado a la guardia seguramente por algún detalle, al rato, acomodaron otra silla y formando una ronda con los que estaban en los sillones , de espaldas a la puerta de entrada nos acomodaron nomás, primero a mí y luego a Tomás cuando volvió, en dos sillas. Abrevio como dije, pedí otra más cómoda, el respaldo se iba para atrás, cuando la enfermera novel , presionaba en el portacat (un cateter que tengo porque mis venas están cansadas) el respaldo se corría y no había manera, le pedí al señor que ya me había pedido el laboratorio antes si podía hacer fuerza en sentido contrario en mi espalda para hacer contrafuerza (suerte que tuve física en la secundaria), bueno, ella pinchó y cuando pasó la medicación me dolió, coa rara, se acercó Stella, la enfermera más experta y notó que había pinchado en cualquier lado, que tenía el "botón" del catéter en otro lugar por lo que palpó, había que empezar todo de nuevo, para desilusión y enojo de la primera enfermera que me achacó mi incapacidad de mantenerme quieta. Eran las 9 y media de la mañana pasadas. Y el fracaso de la operatoria se debía a que me moví, en una silla con respaldo rebatible, desde la cual miraba dormir a todos los que ocupaban los sillones, juro que la mejor manera de bancar una quimio después de leer un poco es que el sueño te invada y el tiempo pase sin saberlo. Me di cuenta que en la silla no iba a poder dormir, pero por suerte había llevado mi libro.
Stella me dijo que aproveche para volver a cambiarme a la primera silla, ya que empezábamos todo de nuevo y , aunque fura más incómoda, era más firme y segura, así fue y por suerte en el primer intento, luego de palpar el pecho y notar que el botón del catéter estaba corrido, lo encontró y me conectó.
Recién entonces, 9.45 empezaban a correr las horas de mi quimio, mientras empezaba a recibir mensajes de texto de hermana, padre, hijas y amigos que me preguntaban si faltaba mucho.
Sin papel en el fax, sin sillón para atendernos. Los papás de Tomás no se quejaron, es cierto, tienen problemas más grandes que eso, pero era su hijo el que debía estar en esa silla, incluso leer es más incómodo que hacerlo en un sillón y, por supuest, dormir, es imposible si estás conectado a una aguja sensible a cualquier movimiento, sin apoyabrazos. La tele no funcionaba tampoco, ni una radio estaba encendida . Entiendo , no parece tan grave, pero los detalles empiezan a ser tan importantes algunas veces!
Esta vez de testaruda y caprichosa no había querido que nadie me acompañe, estaba tan segura que estaba todo bien con los llamados previos y la confirmación de que todo estaba en orden. Por suerte, Martina, mi hija, aunque le dije que no fuera a buscarme cuando me llamó, insistió en venir, así comíamos en el barsucho de la cuadra el pastel de papas que a ella le encanta. Y todo tuvo un final feliz.
No la pasé bien, no hablo de enfermedad ni nada de eso, hablo de todos los detalles que me tuvieron horas yendo y viniendo resolviendo las cosas que nadie hacía ni trataba de hacer para colaborar y bancando la incomodidad que nadie parecía dimensionar y comprender.
El pastel de papas estaba buenísimo. Yo pedí una tarta, estaba rica, tenía orégano arriba el queso (no quedaba bien en una tarta de verdura) lo barrí con el cuchillo.
Ohhhh, no había visto ese cómodo sillón en la imagen de fondo!
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